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Cuatro de septiembre

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Cuatro de septiembre Es extraño, ¿sabes?, tener a alguien que te dé calor, como lo hace el sol, y que de repente todo se convierta en una tormenta invernal que te congela hasta los huesos. Es extraño saber que no tendré unos ojos donde guardarme para cuando la tristeza me invada o unos brazos que me refugien cuando quiero escapar un rato del mundo. Es patético, ¿sabes?, acostumbrarme a no recibir unos buenos días tibios como el café de mis mañanas o alguna que otra oración chistosa para regalarme la primera sonrisa del día... Todo esto es extraño,  ¿pero cómo no lo supuse? si tus miedos caminaban más de prisa que tus riesgos, si no eres de tiempo ni distancia, sino de calcularlo todo antes de estrellarse, ¿cómo no supuse antes que yo sí estaba dispuesta y tú te llenabas de escudos que impedían amarme libremente? Es extraño imaginar un final junto a ti, podría incluso escribir poemas tristes que se tratasen de ti, pero no uno que marcara el final de lo nue...

Juego de dos

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Juego de dos Juegas, a mirarme despacio atándome al brillo de tus ojos, yo como tonta finjo no querer caer en tu dulce boca, precipicio con caída reconfortante, para no ser una víctima más de tus manos tibias, pero alma de carámbano. Sigo, creando una estrategia que me salve de un imán que ni tiene arreglo, porque tú siempre eres el que me hala y yo la que accede, como un adicto a sus drogas. Juegas a quemarme, insistente, colocando chispas de besos por toda mi espalda, yo, sediéndote una carta, me arriesgo, sabiendo que no la recuperaré. Tú, ardiente, decidido, encantador,  me miras con el jaque mate entre los dedos y la última pieza bajo la manga. Yo, ansiando tu último movimiento, queriendo ganar, pero a la vez deseando caer entre tu pecho. Ambos, buscando el triunfo estando seguros de que es imposible arrebatar y no dejar pedazos de uno al otro. Así lo llaman,  juego sin pérdida, ni yo me aparto de tus llamas, ni tú te frenas de quererme.

No hace falta

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No hace falta que te acerques para hacer revolución en mi pecho, ni mis ojos necesitan observarte para armar un cosquilleo por todo el cuerpo, desde que has llegado me han sobrado los otoños, que esperan ser inviernos para que corras y me abraces. No necesito una brújula que me conduzca a ti, ya te tengo en las entrañas, recorriendo cada espacio a medio talle de   amores sin buena arquitectura, no hace falta que te diga que han dejado hecho un caos este templo, porque tú no solo llegas y arrastras los miedos, tú haces de mí un montón de letras y me lees al oído lo que tú dices que es “lo mejor de mí”. Tú no eres de mención, ni etiqueta, porque esa s  cosas no caben en tu pecho… es que tú pisas la tierra y nos haces a muchos, subir al cielo.